El Abrojo (Tribulus terrestris) es una hierba perteneciente a la familia de las zigofiláceas. Se caracteriza fundamentalmente por arrastrar sus ramas por el suelo, las cuales pueden alcanzar hasta un metro de longitud. Las hojas se hallan enfrentadas y se componen de cinco a ocho pares de hojuelas. Las flores son pequeñas y el fruto seco. Es una planta tan vellosa que en ocasiones toma un aspecto blanquecino. Se cría en bordes de caminos, zonas de mucho escombro y en general sitios incultos de toda la Península Ibérica. El abrojo florece en primavera y verano, más o menos a partir de mediados de abril.
Se emplea prácticamente toda la planta: la flor, la savia, la yema, las hojas y la corteza. En las hojas encontramos gran cantidad de flavonoides (como la miricitrina) que son los responsables de su marcada acción diurética, empleándose en casos de afecciones urinarias como cistitis, pielonefritis, litiasis, oliguria e hidropesía. De las yemas se saca una resina y una esencia compuesta de limoneno y pineno. De las hojas obtenemos glucósidos, piceina y también una esencia.
Popularmente el abrojo se ha utilizado como analgésico moderado, diurético y espasmolítico por vía interna y astringente por vía externa. En algunas zonas se le atribuyen además propiedades como hipotensor, es decir, que reduce la tensión arterial. En cuanto a sus frutos, se utilizan como tónicos y en algunos sitios se emplean como astringentes en hemorragias y disentería.

