Los folíolos multi-angulares macerados en aceite de la azucena representan un remedio casero clásico hecho para las heridas. Las hojas de la planta pueden ser colocadas en las heridas, cortes y quemaduras, y los pétalos, enmantecados con miel, en ampollas, llagas y cortes de ántrax.
Las flores también han sido tradicionalmente utilizadas para el dolor ocular, siendo colocadas en una botella de agua bien cubierta, y luego utilizando el tónico embebiendo un algodón o gasa para colocarlo contra los párpados.
La acción terapéutica de los pétalos de la azucena es bactericida y promueven una buena curación, por lo que pueden ser utilizados para el tratamiento de diversas heridas, tanto externa como internamente con un efecto de cicatrización determinado. Son útiles también para aliviar el dolor. Por otro lado, se pueden utilizar como expectorante natural, ya que tiene efecto mucolítico para las secreciones bronquiales.
El bulbo de la planta se utiliza especialmente para las condiciones respiratorias, pudiendo curar condiciones más ligeras o aportar mejoras en condiciones que sean un tanto más graves.
Otro uso que le es frecuentemente dado es debido a su efecto calmante sobre el sistema nervioso, en vez de recurrir a los potentes químicos ansiolíticos de las compañías farmacéuticas, que tantos efectos colaterales pueden traer. Para los casos de estrés, puede ayudar a regular el ritmo cardíaco.
Muchas condiciones médicas pueden ser tratadas con la azucena. Mediante aplicación tónica se puede utilizar para abscesos, quemaduras, dolores oculares, forúnculos y heridas. Para su uso interno puede ayudar con la estimulación nerviosa, la inflamación de las vías respiratorias superiores, inflamación del oído, insomnio, palpitaciones del corazón y estrés, siendo preparada en forma de infusión, hirviendo los pétalos durante unos 3 minutos.
