Muchas plantas alivian los síntomas más comunes de la mayoría de las enfermedades, como el dolor y la inflamación. Según sus principios activos, estas plantas se pueden clasificar de la siguiente forma:
– Principios analgésicos y antiespasmódicos: alivian, claman o quitan el dolor. Los analgésicos más potentes conocidos son los opiáceos y alcaloides. No es recomendable su uso indiscriminado ya que pueden ser muy tóxicos y producen adicción. Se deben usar bajo prescripción médica. La mayoría de los dolores se pueden controlar con plantas menos peligrosas, que contienen ácido salicílico o aceites esenciales; principios activos que resultan eficaces como analgésicos y antiespasmódicos.
– Principios tranquilizantes: ayudan a combatir problemas nerviosos como irritación, insomnio o excitaciones nerviosas.
– Principios antiinflamatorios: los principios activos naturales más importantes por su efecto antiinflamatorio son los aceites esenciales, las resinas, las saponinas, los mucílagos, los carotenos y los flavonoides. Algunas resinas tienen gran efecto al aplicarse por vía externa, pero si se ingieren pueden resultar tóxicas. Se recomienda usarlas sólo en forma de baños, paños calientes, cataplasmas o compresas, especialmente para golpes, neuralgias, luxaciones y espasmos musculares.
– Principios astringentes: disminuyen o eliminan el exceso de secreciones por la acción de principios activos conocidos como taninos.
– Principios antieméticos: ayudan a calmar o disminuir el vómito en caso de irritaciones digestivas. Actúan gracias a las sustancias contenidas en sus aceites esenciales.
– Principios antitusígenos: inhiben la tos en el caso de irritaciones excesivas en la que se hace crónica y dolorosa. Es importante saber que la tos es un mecanismo de defensa del organismo para ayudar a expulsar secreciones y toxinas del sistema respiratorio.
